Qué hago con tu idea

La pregunta que nadie hace en voz alta: ¿y si me la rechaza y luego la construye él? No te pido que confíes en mí: te doy las herramientas para comprobarlo.

Decirte que no me cuesta un cliente

Yo me gano la vida construyendo, no juzgando. La auditoría cuesta poco en comparación con el trabajo que requiere: si te escribo que la idea no se sostiene, pierdo el proyecto que habría venido después. Que un «no» llegue solo cuando lo dicen los números no te lo garantiza mi buena voluntad: te lo garantiza mi interés.

No me mandes la parte secreta

Para decirte si se sostiene no necesito tu ventaja competitiva. Necesito tres cosas: qué hace, para quién y qué te frena. A partir de ahí se estiman el coste de construcción, los costes mensuales, las obligaciones legales y el tamaño del mercado: es decir, todo el informe.

El «cómo lo hago mejor que los demás» guárdatelo. Si trabajamos juntos me lo contarás, y para entonces habrá un contrato.

Qué hago, y qué no hago, con lo que me mandas

  • La leo yo. No se la paso a nadie más, no la comento con otros clientes, no la meto en ninguna lista para volver a contactar.
  • No la uso para crearme un producto propio que resuelva el mismo problema para el mismo público.
  • Me ayudo de una inteligencia artificial, y el informe lo firmo yo. Para transcribir el mensaje de voz y para un primer análisis de mercado, costes y normas uso una inteligencia artificial con una cuenta que no usa tus datos para entrenar modelos. Después lo releo todo, compruebo los números y corrijo: las conclusiones son mías. La grabación se queda en mi buzón y no acaba en ningún otro archivo.
  • Cuando quieras que lo borre todo, basta una línea por correo. Lo hago y te lo confirmo por escrito.

El acuerdo de confidencialidad lo firmo yo primero

Si prefieres dejar por escrito lo que pone aquí, te lo mando: un acuerdo de confidencialidad ya firmado por mí, antes de que me escribas la idea. Pídemelo y lo recibes el mismo día: no hay nada que negociar y no tienes que pedir permiso.

Tu prueba son mis correos

Cuando me mandas la idea, recibes enseguida una confirmación automática que contiene tu texto y la fecha. Guárdala: es la prueba, con hora, de lo que me mandaste y cuándo.

Te la doy yo, por iniciativa propia. Y es justo el documento que usarías contra mí.

Si ya estoy trabajando en ello, te lo digo en dos días

Puede pasar que tu idea se parezca a algo que ya tengo entre manos, para mí o para otro cliente. En ese caso no sigo adelante: en un plazo de dos días laborables te escribo que no puedo ocuparme de ella y borro lo que me mandaste.

Es una garantía para ti, pero sobre todo para mí: sin ella, el día en que publicara un proyecto parecido no tendría forma de demostrar que había nacido antes.

El «no» se puede comprobar

El informe no te entrega un veredicto: te entrega las cuentas. Cuánto cuesta construirla, cuánto cuesta mantenerla en marcha cada mes, cuántos clientes hacen falta para que se sostenga. Si te digo que no, tienes delante los números con los que lo he dicho, y puedes hacer que los compruebe cualquiera, incluso otro consultor.

Una opinión se puede inventar. Una cuenta, no.

Y luego están las personas

Trabajo con nombre y apellidos, no detrás de un formulario anónimo. Si quieres hablar con alguien que ya ha trabajado conmigo, pídeme referencias: puedes llamarlos.

Ahora cuéntamela.

Tres líneas o una nota de voz. Qué hace, para quién y qué te frena: la parte que te hace distinto de los demás, guárdatela.

Qué hago con tu idea